
No voy a ser tan atrevido como aquellos que han definido la polémica asignatura de Educación para la Ciudadanía (¡cuánta educación nos hace falta a nosotros, ciudadanos!) como "el catecismo del buen socialista". Ni siquiera voy a hablar de ella, porque no conozco su programa (imagino que quienes braman contra ella se lo saben de pe a pa). Sí que voy a recordar una serie de principios bien sabidos por todos, principios que defiende con uñas y dientes una de las instituciones más críticas con la asignatura de marras, la Iglesia Católica (el retrato de uno de cuyos más destacados y retrógrados jerarcas, el arzobispo de Granada Monseñor Francisco Javier Martínez, encabeza este texto). Son premisas que defienden unos señores que dicen hablar en nombre de la libertad:
-El matrimonio civil no existe (por eso no tuvieron reparos en casar a Felipe de Borbón con una divorciada, ya que el matrimonio anterior de Letizia Ortiz no era válido), ni tampoco el divorcio. Quien se casa, lo hace para toda la vida (o la muerte, porque ni el maltrato rompe la norma. Otra cosa es el dinerillo, porque los ricos sí que suelen anular matrimonios, esténo no consumados,en el tribunal de la Rota).
-El aborto es un asesinato (pero en la Ciudad del Vaticano aún sigue en vigor la pena de muerte), así que una mujer violada ha de aguantarse si la han dejado embarazada, una madre cuya vida corra peligro ha de jorobarse si se muere finalmente o una familia sin recursos tendrá que malvivir aún peor. Esto enlaza con la siguiente premisa:
-El acto sexual sólo ha de servir para la procreación. Por lo tanto todo método anticonceptivo es reprobable (con excepción de la castidad, claro). Así que si has tenido un desliz, te aguantas. Además, no importa que el uso del preservativo pueda salvar miles de vidas en zonas donde el SIDA campa a sus anchas: es reprobable siempre.
Con estas premisas (y otras muchas que no enumero para no aburrir más) no me extraña que las iglesias estén cada vez más vacías (y las que se les llenan, las cierran...)







